CÉSPEDES, ALEJANDRO
Dijo Francis Ponge que el mundo, desde que existe, nunca funcionó tan mal: el artista debe convertirse en un mecánico, abrir un taller y reparar el mundo tal como le llega, por fragmentos; y no se debe considerar un mago, sino solo un relojero. Al poeta, como a todos, la vida le llega por fragmentos, pero también la emite por fragmentos. ¿Qué otra cosa es el poema?
Taller de relojería parte de esa idea: el mundo no funciona de la forma correcta. Inscrito en la tradición de la poesía reflexiva, este poemario explora las fracturas del espíritu: el dolor, la memoria, la pérdida, el individualismo, el sinsentido... Un poso nihilista lo recorre. Nos hace reflexionar sobre la dificultad para trascender las cicatrices del pasado y sobre cómo lo poético permite darles un nuevo significado. Dividido en fragmentos, tal y como pide Ponge, refleja la profunda naturaleza de la existencia misma, el absurdo de la actividad humana y la muerte como final. La obra describe un mundo desarticulado que el arte, aunque limitado, intenta recomponer sin conseguirlo. Lo cual también deja al arte como actividad casi inútil.